Ciudades sin autos: apuntes para una movilidad sostenible

febrero 24, 2026
Perspectivas

Resumen

No podremos convertirnos en una ciudad sustentable mientras vivamos dentro de una infraestructura dependiente del auto. Si nos ponemos a pensar, nuestra vida suele moverse alrededor de los vehículos, de camino al trabajo, la escuela, cuando salimos o cuando queremos visitar a alguien. Lamentablemente nuestra realidad le entrega de manera casi total nuestro espacio al vehículo, al punto que el hecho de salir de nuestro hogar a caminar significa estar consciente todo el tiempo de los autos que nos rodean, acechados por su presencia y ruido del que no podemos escapar.

Introducción a la movilidad sostenible

En los últimos años, ha habido un aumento de interés en los autos eléctricos. Por un momento el futuro se veía brillante, un mundo que no fuera dependiente de la gasolina sonaba como prometedor y a nuestro alcance, pero ¿qué sucedió?, ¿cuándo llegará ese futuro verde que tanto nos vendieron?

La realidad es otra, el promedio actual de automóviles eléctricos en circulación se encuentra alrededor del 4%, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Las ventas de vehículos eléctricos representaron más de 20% de las ventas totales en 2024, por lo que podemos asumir que el porcentaje de vehículos eléctricos subirá en las siguientes décadas hasta estabilizarse. Aunque cabe preguntarse, ¿qué tanta diferencia haría si todos los vehículos fueran eléctricos? Si todas las personas tuvieran su vehículo eléctrico personal no seria diferente, el tráfico empeoraria al igual que la calidad del aire, por la constante extracción de minerales para hacer las baterías de los autos, así como el planeta seguiría calentándose por la innecesaria y constante producción de nuevos modelos.

Transporte individual, ¿pero a qué costo?

¿Alguna vez has pensado qué porcentaje de la contaminación mundial viene de los autos? De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aproximadamente 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero son generadas por el sector de transporte, haciéndolo el cuarto sector más contaminante después de la energía, la industria y la agricultura; quizá no suene como un número muy alto, pero es importante recordar que estamos hablando de miles de millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero al año

Además, se suman los riesgos adicionales por la extracción de metales para la fabricación de autos, los vehículos usados desechados y toda la industria de constante manufactura. También hay que tener en cuenta que los vehículos que se reemplazan terminan en algún lugar, según un informe de la ONU, los países con regulaciones débiles para los vehículos suelen ser el lugar donde países más desarrollados arrojan sus coches usados, contaminando debido al estado descuidado de los vehículos.

Gráfica circular sobre la división de emisiones de CO2 por el sector del transporte. Crédito de imagen: Statista -. link

La presión contra el transporte colectivo.

Imaginemos las actividades diarias de una persona promedio, cosas como: ir al trabajo, volver a casa, hacer compras o recoger a los hijos; incluso en esta rutina simple podemos llegar a la conclusión de lo indispensable que es tener un automóvil. Nos gusta la idea de tener control sobre nuestro movimiento, pero todo viene con un costo oculto, se nos ha vendido la idea de remover ese costo en el planeta utilizando un vehículo eléctrico, por la creencia que los autos eléctricos son una solución con pocas repercusiones y cayendo en un error.

Según diversos análisis independientes y organismos ambientales, la huella total generada por los vehículos eléctricos (desde la extracción de los minerales que lo componen hasta la producción de sus baterías y el suministro eléctrico) podría acercarse más de lo que imaginamos a la de los vehículos tradicionales. La contaminación no desaparece, solo se desplaza: en lugar de tubos de escape se pasa a minas de litio, a las plantas de procesamiento y a las redes eléctricas todavía dependientes de combustibles fósiles. En otras palabras, cambiar de tecnología no elimina el impacto, no mientras tengamos infraestructura dependiente del transporte individual y su alta demanda de fabricación, un aspecto que debería hablarse con mayor claridad.

Los recursos limitados para un transporte individual.

Incluso el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el organismo de la ONU que reúne a miles de científicos para evaluar el estado del conocimiento sobre el cambio climático, ha señalado en sus informes de evaluación la importancia de abordar las preocupaciones sobre la extracción de los minerales necesarios para las baterías de los vehículos eléctricos. Así como las condiciones laborales en las minas, los impactos ambientales derivados de la explotación y la disponibilidad futura de estos recursos debido a su alta demanda.

Gráfica circular sobre el requerimiento mineral promedio para vehículos eléctricos. Crédito imagen: Gibson Clark – Stanford -. link

¿Autos eléctricos? Mejor ciudades sin autos.

Unas de las principales ventajas de los vehículos eléctricos es el consumo de combustible. Recargar las baterías no solo es más económico, sino también es menos contaminante que el uso de gasolina, aunque cabe preguntarnos otros factores, como los gastos de mantenimiento o la inversión inicial, así como el impacto ambiental de su fabricación comparado contra las emisiones continuas de los vehículos que usan gasolina. De acuerdo con un comunicado por el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT), las emisiones iniciales por la fabricación de vehículos eléctricos son 40% más altas debido a la batería, aunque claro, después de 17,000 km de conducción las emisiones suelen comenzar a ser menores con su contraparte que usa gasolina, lo cual puede llevar hasta un ahorro de 73% de emisiones a lo largo de su vida útil.

En cuanto al costo inicial, Consumer Reports (CR) indica que los vehículos eléctricos suelen ser entre un 10% a un 40% más costosos, pidiendo una inversión inicial mayor, aunque al largo plazo es un ahorro significativo. Dicho todo eso, sigue pareciendo una solución bastante prometedora, pero no perfecta, hay varios factores que pueden aumentar su impacto, dependerá del proceso de extracción de minerales para las baterías, si se utilizan por toda su vida útil y si se gestionan sus residuos una vez llegue su final, si bien es una alternativa positiva y razonable, suele idealizarse demasiado.

Comparación global de las emisiones de gases de efecto invernadero durante el ciclo de vida de los vehículos de pasajeros con motor de combustión y eléctricos. Gráfico del informe del ICCT -. link

Esperando una solución para la movilidad sostenible

Hay múltiples maneras de afrontar los problemas nacidos de una infraestructura dependiente de los autos, pese a que el transporte es una parte significativa de nuestras vidas, según un estudio realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) los mexicanos suelen tener trayectos de 71 minutos diarios en transporte público y 52 minutos en transporte privado, una parte significativa de nuestras vidas diarias es gastado en el transporte y sin embargo; no se han realizado avances en las últimas décadas, los automóviles serán más brillantes, más rápidos y con más luces, pero en la realidad no mucho ha cambiado, mismo tráfico, mismos choques, mismo tiempo estancados en el tráfico, alguna vez te has preguntado ¿a qué se debe este fenómeno?

La industria contra las ciudades sin autos

El sector de transporte no solo es altamente contaminante sino que también es sumamente lucrativo, pues conecta con múltiples industrias: manufactura, minería de metales y minerales, venta de vehículos, autopartes y accesorios, así como la comercialización y extracción de petróleo; esto se ha convertido en una parte tan importante de nuestra sociedad que parece imposible buscar alternativas, pero en realidad el vehículo personal es una demanda inducida y sostenida, no sólo por decisiones políticas y falta de alternativas, sino también por intereses económicos que privilegian el crecimiento del capital sobre el bienestar colectivo.

Las políticas urbanas y de transporte, muchas veces diseñadas para favorecer zonas residenciales alejadas y áreas comerciales, han frenado avances hacia ciudades más verdes; los incentivos monetarios y subsidios frecuentemente benefician a la industria automotriz en lugar de a sistemas de transporte público eficientes e infraestructura ciclista. En promedio, un porcentaje significativo del terreno urbano está dedicado exclusivamente a calles y estacionamientos, mientras que la infraestructura para otros métodos de transporte es faltante o se encuentra en mal estado. Este patrón incentiva el uso del vehículo personal, convirtiéndolo hasta cierto punto en una necesidad, a pesar de los evidentes costos ambientales y sociales de este método de transporte.

Ciudades sin autos

Gráfica del crecimiento del sector automotriz. Crédito imagen: Towards Automotive -. link

¿Por qué siempre hay tráfico?

Incluso la cultura parece pelear contra un transporte público y otras alternativas de transporte, porque significa una ligera inconveniencia para los conductores, como perder un carril por ciclovía, para el camión, o construcciones temporales para la construcción de rutas del metro o tren ligero. Los conductores están acostumbrados a ser el centro de atención, reglas de tránsito dicen que el peatón tiene preferencia, pero cualquiera que suele caminar por las calles sabe que no es cierto, depende del peatón estar alerta y tener cuidado, no porque sea su responsabilidad sino porque que existen muchos conductores cuya visión se limita a vehículos y actúan en completo descuido de los ciclistas y peatones.

El tráfico no se va a solucionar si rechazamos cada propuesta alternativa que no sea agregar más carriles. De hecho, se ha comprobado una y otra vez que añadir carriles no reduce la congestión; al contrario, termina empeorándola debido a un fenómeno conocido como “demanda inducida”, esto significa que, al construir un carril adicional, más personas se deciden usar el automóvil y tomar la misma ruta con un nuevo carril, aumentando así el número total de vehículos y devolviendo el tráfico a sus niveles anteriores.

Incluso las alternativas de transporte suelen generar resistencia, por una mentalidad basada en ideas sin sustento, algunos vecinos temen que la construcción de carriles para bici provoque más tráfico, o que los proyectos de tren ligero resulten demasiado grandes y disruptivos para la ciudad. En muchos casos, estas preocupaciones nacen de un miedo causado por desinformación e incertidumbre, evitando cualquier cambio urbano significativo.

Ciudades sin autos

Simulación de AIM: Autonomous Intersection Management. Imagen tomada de AIM: Autonomous Intersection Management, Learning Agents Research Group, University of Texas at Austin -. link

Dresner y Stone sobre las ciudades sin movilidad sostenible.

Por el año 2008 Dresner y Stone propusieron un nuevo mecanismo llamado “Gestión Autónoma de Intersecciones” (AIM), que consiste en la planificación y coordinación de múltiples vehículos autónomos al cruzar una intersección, su video que publicaron se volvió muy popular, mostrando las posibilidades de una ciudad donde los vehículos pudieran comunicarse entre sí, aún así se convirtió en un ejemplo de cómo podría ser una calle reñida indiscriminadamente por los vehículos, lo que llevó a un sentimiento de inquietud al imaginar algo similar siendo realizado en nuestras ciudades.

Esta inquietud alimentó la idea de que, aunque la tecnología promete eficiencia y seguridad, podría terminar relegando al peatón y al ciclista a un segundo plano, profundizando la dependencia del automóvil, limitando la interacción humana y eliminando los espacios públicos, donde el entusiasmo inicial por la automatización fue vencido por los temores sobre un futuro donde las decisiones de movilidad se sometan únicamente a la lógica de los vehículos.

Ciudades sin autos

Le corbusier. Proyecto “Le Ville Radieuse” ilustración urbanística conceptual -. link

La “ciudad radiante” de Le Corbusier ¿Y la movilidad sostenible?

Otro famoso caso fue en 1924 cuando el famoso arquitecto Le Corbusier presentó por primera vez a “la ciudad radiante” o Ville Radieuse, la que era su interpretación de una utopía, un plan urbano de una ciudad ideal vista desde el urbanismo, con una simple vista a los bocetos de la ciudad que nunca se construyo, podemos sentir una sensación lúgubre; una ciudad sin alma y en su centro, calle tras calle dedicadas exclusivamente a los vehículos.

Verás, Le Corbusier no estaba solo en ese pensamiento. Al diseñar una ciudad, las calles son una parte fundamental, sin embargo; me parece una representación aguda de la realidad de nuestra ciudades, donde a los vehículos se les otorga control completo de las calles, mientras las personas se les da una fracción insignificante de la vialidad, caminando entre una banqueta rota sin sombra ni rampas, esquivando coches al salir de tiendas y hogares, calculando la mejor manera de cruzar sin convertirte en una estadística más de atropellamiento; esa es la realidad de los peatones, le damos las llaves de la ciudad a los coches y luego nos sorprendemos cuando nos regresan una ciudad rota.

Tampoco tenemos que odiarlos, los vehículos no son malvados, son herramientas, el problema es que nos rehusamos a intentar algo más, nos quejamos cada vez que abren un carril para bicicletas, o anuncian un nuevo proyecto de transporte alternativo, pero también nos quejamos del tráfico, como si fuera mera coincidencia que haya cada vez más personas conduciendo cuando manejar parece ser la única opción.

Solución a nuestro alcance

Si comparamos las emisiones y la calidad del aire entre ciudades con una infraestructura de transporte público sólida, como Copenhague, a otras altamente dependientes del automóvil, como Los Ángeles, es evidente cómo la movilidad bien planificada influye directamente en la contaminación y en la calidad de vida. Mientras que países como Dinamarca han reducido la presión sobre sus sistemas viales mediante redes eficientes de trenes, autobuses y ciclovías, muchas ciudades de Estados Unidos siguen enfrentando congestión crónica y mayores niveles de emisiones debido a su limitada oferta de alternativas de transporte.

El transporte público ofrece ventajas claras, una mayor eficiencia energética, menor contaminación, calles más seguras y la capacidad de generar espacios de convivencia; aunque también enfrenta desafíos como la necesidad de inversión constante y la percepción de inseguridad o incomodidad entre algunos usuarios. Aun así, imaginar un mundo con calles donde el tráfico deja de ser una constante y donde desplazarse no implique estrés ni contaminación, nos recuerda que las decisiones de infraestructura no solo moldean cómo nos movemos, sino también el tipo de futuro urbano que queremos construir.

Ciudades sin autos

Imagen de Copenhague, Dinamarca y Edificios. Imagen de Eric Morasse en Pixabay -. link

¿Qué podemos hacer?

De manera individual podemos fomentar los usos alternativos de transporte público, aunque la transformación real del sistema de movilidad depende de la acción política colectiva. Esto implica exigir a nuestras autoridades inversiones hacia el transporte público eficiente, una infraestructura segura para bicicletas y políticas que reduzcan la dependencia del automóvil. También requiere participar en procesos de consulta, apoyar iniciativas que prioricen el espacio público así como calles más limpias, seguras y equitativas.

El poder de cambio resulta en las voces de todos los que queremos una ciudad más accesible y segura para todos, algo tan simple como apoyar a leyes locales que incentiven métodos de transporte alternativos es un buen inicio, pero también hay que luchar contra las propuestas de agregar cada vez más carriles, no quedarnos viendo como el presupuesto de infraestructura se va con subsidios al sector privado, el dinero va hacia la industria automotriz, pero tenemos el derecho y la responsabilidad de exigir una ciudad digna para todos, no para los vehículos, sino para las personas.

Ya han habido avances hacia políticas que desalientan el uso del automóvil, como días donde ciertos vehículos no circulan, pequeña aunque constante inversión a ciclovías y algunas propuestas a nuevas estaciones de tren ligero, pero hace falta voluntad política, así como una ciudadanía que mantenga la presión, que participe, que cuestione y que recuerde que las ciudades no se transforman solas: las transformamos nosotros.

Conclusiones

Un futuro accesible para todos es posible, pero es dependiente de acción política y alternativas de transporte accesible para todos. Los vehículos eléctricos son una mejora a los vehículos de combustible, sin embargo; no son una solución, continuar con una infraestructura centrada hacia al vehículo personal mantendrán los peores aspectos de una sociedad dependiente al coche, como la congestión, la falta de espacio público, la inequidad en la movilidad y el impacto ambiental derivado de su producción y mantenimiento. Para avanzar hacia un modelo urbano más justo, necesitamos priorizar el transporte público eficiente, la movilidad activa y el diseño de ciudades que pongan a las personas en el centro. La verdadera transformación no está en cambiar el tipo de motor, sino en cambiar la manera en que entendemos y organizamos nuestra movilidad.

Referencias pt. 1

Referencias pt. 2.

Ficha técnica

  • Autor: Alba Kiyomi Castellanos Shiguematsu.
  • Fecha de elaboración: 19/08/2025
  • Fecha de publicación: 24/02/2026
  • Categoría para la web: Perspectivas.

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| Escrito por : Heberto Alejandro Morales Armenta |

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